29/1/11

Los críticos sociales Ariel Dorfman y Armand Mattelart










"Para leer al Pato Donald" (1972)


Este es un libro clave de la literatura política. Los intelectuales Ariel Dorfman (Chile) y Armand Mattelart (Belgica) hacen un análisis sobre la literatura de masas, concretamente la publicada por Walt Disney para el mercado latinoamericano.

Su tesis central es que las historietas de Disney no sólo serían un reflejo de la ideología de la clase dominante, sino que, además, serían cómplices activos y conscientes del mantenimiento y la difusión de esta ideología.


"Es un empleo en que no hay nada que hacer. Sólo dar una vuelta por el museo de vez en cuando para comprobar que nada ocurre". (Donald en Disneylanda, N. 436).

"Soy rico porque siempre fabrico mis golpes de suerte". (Tio Rico en Tío Rico, N. 40).


"Sin embargo, nuestro lector puede blandir triunfalmente al Pato Donald como una evidencia de la falacia de los argumentos: cualquiera sabe que este sujeto se pasa la vida buscando trabajo y quejumbrándose amargamente del esfuerzo agobiante que debe realizar.

¿Para qué busca trabajo Donald? Para obtener plata con el fin de veranear, para pagar la última cuota de su televisor (parece que la paga miles de veces, porque en cada nueva aventura tiene que pagarla de nuevo por última vez), para comprar un regalo (generalmente para Daisy o para Tío Rico).

Lo que caracteriza todos estos deseos es la falta de necesidad que siente Donald: nunca manifiesta problemas con el arriendo, con la luz, con el alimento, con el vestuario. Por el contrario, a pesar de que nunca tiene un peso, siempre está comprando. El mundo de la abundancia mágica ronda a todos estos personajes: los chicos malos no disponen de un centavo para una taza de café. Y en el próximo cuadro, zuacate se construyeron un cohete de la nada. Gastan riiucho más para asaltar a Me Pato de lo que pudieran sustraerle.

No hay desavenencias en los medios de subsistencia: es una sociedad sobre un colchón que emana bienes. El hambre, como una vieja peste, ha sido superada, expatriándola hasta los límites de la historia. Cuando los niños le dicen a Mickey (D. 401) que tienen hambre ("¿No tiene uno derecho a tener hambre?"), el Ratón contesta: "¡Ustedes no saben, niños, lo que es tener hambre! Siéntense aquí y se lo diré".

Automáticamente los sobrinos se burlan de él; "hasta cuándo el cuento del hambre, hasta cuándo tanta majadería, ojalá no sea el mismo cuento de siempre". Pero rio hay patfa qué preocuparse, niños. Mickey ni piensa referirse a la muerte dé millones por falta de alimento, ni tampoco de los efectos en el desarrollo corporal y mental en los seres humanos. Cuenta una aventura prehistórica, donde él y Tribilín repiten las típicas tramas de Disneylandia contemporánea. Es evidente que la época actual no tiene estos problemas: se vive en una sociedad perfecta, en la post-historia.

El trabajo, entonces, de hecho no le hace falta a Donald, y la prueba es que el dinero que consigue (si es que lo consigue) sirve siempre para comprar lo superfluo. Asi, cuando Tío Rico, mintiéndole, promete entregarte su fortuna, lo primero que hace el pato (TR. 116) es decir: "Por fin podré gastar todo lo que quiera".

Y pide el ultimo modelo dé automóvil, "ün crucero con cabina para ocho personas", "un televisor a colores con quince canales y a control remoto". El otro episodio (D.423): 'Tengo que conseguir un empleo temporal en alguna parte para ganar lo suficiente para ese regalo". "¡Cómo me gustaría realizar un viaje! Pero... ¡ay!... este medio dólar es todo lo que poseo" (F. 177).

La superfluidad de la necesidad se traslada a la superfluidad del trabajo conseguido. Ya mencionamos el hecho de que estos trabajos son servicios de venta o de resguardo o de transporte para los consumidores. (Tal es así que Rico Mc-Pato no tiene obreros. Cuando le traen la lista de sus trabajadores, son todos "empleados").

El oficio, entonces, es como un consumo y nunca una producción. Donald no necesita laborar, pero siempre está obsesionado con su búsqueda. No es raro, por Jo tanto, que el tipo de trabajo que anhela tenga las siguientes características: fácil, sin esfuerzo mental o físico, pasatiempos en espera de una fortuna (o un mapa) que caiga de otra parte. En una palabra, ganarse el salario sin transpirar. Además, no es un problema para Donald (o cualquier otro) conseguir el trabajo, porque éstos abundan.

"Hum, ¡éste sí que es un trabajo agradable! 'Se necesita ayudante de pastelería, buen sueldo, pasteles gratis,!

¡Eso es para mi" (F. 82). La verdadera acción dramática comienza y gira cuando, ya instalado en su puesto, 'Donald terne perderlo, (Lo que traumatiza, porque ese terror de quedar en la calle es inexplicable, dado que ese esfuerzo es prescindible).

Como Donald es por definición torpe y descuidado!, se lo despide perpetuamente. "Despedído, Pato; Ya es la tercera vez que te duermes sobre la mesa". "Despedido, Pato. Vete- con tu música a otra parte!". "Despedido, Pato, ¿quién te enseñó a afectar? ¿Algún jefe de tribu?". Así, su trabajo se transforma en la obsesión por conservar el trabajo, por evitar las catástrofes que lo siguen adonde él vaya.

Se convierte en un cesante por ineficiencia, en un mundo donde abundan los empleos. Conseguir no es problema, porque la oferta supera de lejos a la demanda, tal como el consumo rebasa la producción. El hecho dé que Donald, así como el Lobo Feroz, los chicos malos, e infinidad de otros, siempre le estén quitando el hombro al bulto, índica que su cesantía es el producto de su libre voluntad o de su ineficacia.

Donald representa para el lector el cesante, pero esa cesantía, que históricamente es causada por la crisis-estructural del sistema capitalista, no tiene otra causa que la personalidad del protagonista. El fundamento socio-económico desaparece para dar lugar a la explicación psicologista: en los rasgos anormales y exóticos de la actitud individual del ser humano, radican las causas y consecuencias de cualquier fenómeno social. Al convertir la presión económica en una presión suntuaria, al proliferar; las disponibilidades de ocupación, rige en el mundo de Donald la verdadera libertad, la libertad de cesantía.

Los empresarios en el mundo actual publicitan la consigna de la libertad de trabajo: todo ciudadano es libre para vender su fuerza laboral y para elegir a quién vendérsela y marcharse si no le gusta. En el mundo de la fantasía, esta libertad de trabajo deja de ser un mito y se transforma en realidad y toma la forma de la libertad de cesantía."


“Para leer al Pato Donald” (Ariel Dorfman & Armand Mattelart, 1972) [Fragmento]

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